En Primera Persona :: Facundo Manes

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La educación es un poderoso motor de desarrollo y es uno de los instrumentos más importantes para reducir la pobreza y mejorar la salud, la igualdad de género, la paz y la estabilidad.

Facundo Manes
Rector de la Universidad Favaloro

EL VALOR DE LA EDUCACIÓN

Cada vez que vuelvo a Salto, la ciudad en la Provincia de Buenos Aires donde viví mi niñez y adolescencia, suelo pasar por la puerta de la escuela “San Martín”, mi escuela secundaria, ya que queda a pocos metros de nuestra casa familiar. Hace unos meses tuve la oportunidad de experimentar una gran emoción por reencontrarme ahí mismo con algunos de mis docentes y también compañeros. Dicen que uno es de donde hizo la secundaria, así que debe ser importante. De alguna manera, en ese gesto del reencuentro, estaban erigidos cada uno de los elementos que, tal como las neurociencias  confirman a través de sus investigaciones, resultan fundamentales para que se logre la maravilla del aprendizaje.

Las neurociencias nos brindan conocimiento sobre los procesos cerebrales básicos que intervienen en el desarrollo humano. Sabemos a partir de esto que las primeras áreas cerebrales en madurar son las más básicas, relacionadas con la información visual o con el control motor de los movimientos. Más tarde se desarrollan otras, como el lenguaje y la orientación espacial. Las últimas áreas, que maduran recién entre la segunda y la tercera década de la vida, son las que están ubicadas en la zona frontal. Estos datos nos permiten comprender que en el cerebro del niño e, inclusive, en el del adolescente las áreas involucradas en la inhibición del impulso, en la toma de decisiones, en la planificación y en la flexibilidad cognitiva o intelectual, aún están en proceso de maduración (a propósito, todas estas investigaciones pueden generar un gran impacto en la práctica educativa porque la comprensión de los fenómenos de la biología del cerebro en desarrollo permite abordar problemáticas claves para el aprendizaje, tales como la memoria, la atención, la alfabetización, la comprensión de textos, el cálculo, el sueño, la noción de inteligencia, la interacción social, cómo es el impacto emocional e, incluso, qué rol juega la motivación). También existen datos comprobables de cómo el cerebro procesa la información nueva a lo largo de la vida, sobre el rol de la imitación, del necesario tiempo de descanso cerebral para el asentamiento del conocimiento, de la relevancia de la corrección de errores, de la ayuda de la tarea dirigida y de la importancia del rol activo y fundamental del docente. Asimismo, diversos hallazgos neurocientíficos han demostrado que la interacción con otros humanos resulta central para el aprendizaje de los niños, los adolescentes y los jóvenes.

Estoy convencido de que en el cruce de diferentes disciplinas es donde se logran los mayores conocimientos y las más eficaces prácticas. ¿Cómo puede impactar en el cerebro la educación? Las neuronas se desarrollan a partir de un patrón genético dinámico moldeado por las exigencias y los estímulos del entorno. Imaginemos, por ejemplo, a un violinista. Mueve los dedos de la mano izquierda de manera intensa y precisa para ejecutar eficazmente su instrumento. El área del cerebro encargada del control motor elabora, para esto, mayor cantidad de conexiones neuronales. Esas conexiones permiten que el violinista mejore la destreza con el violín, y esos estímulos, a su vez, generan nuevas conexiones. Esto quiere decir que estamos frente a un sistema que se retroalimenta y produce, en este caso, un círculo virtuoso. Y, como contrapartida, frente a la carencia de estímulos, lo que se produce es un círculo vicioso. Si un chico no recibe suficiente estimulación intelectual, las vías o circuitos neuronales que tienen que eliminarse, no se eliminan, y las vías o circuitos neuronales que tienen que quedar, no quedan. La relación entre las neurociencias y la educación puede dar lugar a una transformación de las estrategias educacionales que permitirán diseñar nuevas políticas educativas y programas para la optimización de los aprendizajes.

La ciencia da cuenta de lo que sabemos por nuestra experiencia y por los conocimientos del mundo: que la educación es un poderoso motor de desarrollo y es uno de los instrumentos más importantes para reducir la pobreza y mejorar la salud, la igualdad de género, la paz y la estabilidad. Por eso debe estar promovida y garantizada de manera militante para todos los niños, adolescentes y jóvenes de nuestro país. ¿Qué sentido tienen estas pequeñas comunidades o una sociedad que se organiza en inmensas estructuras burocráticas sino es que ese destino de realización plena sea posible? ¿Qué otra inversión pública para nuestros Estados puede ser más prioritaria que alimentar, curar y educar a un cerebro que está en desarrollo? Esos niños, adolescentes y jóvenes deben ser los verdaderos privilegiados porque así lo requiere el orden de la naturaleza y la cultura, y porque serán los que se volverán grandes y trazarán con sus manos los nuevos destinos propios, los de sus comunidades, los nuestros, al fin y al cabo. Todos y particularmente los que hemos tenido la posibilidad de profesionalizarnos debemos comprometernos en forjar un país igualitario y  que defienda la educación como su principal recurso. Recordemos una vez más y llevemos adelante todos los días las palabras de René Favaloro cuando decía: “Los ideales no se realizan sin esfuerzos y sin sacrificios ni serán la obra de unos pocos, sino la cooperación sostenida, llena de fe de todos los argentinos.”

 

Por Facundo Manes, Rector de la Universidad Favaloro

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